miércoles, octubre 20, 2021

CAIMEDE, basura debajo del tapete

Instalado para ser un refugio que proteja a menores maltratados, el CAIMEDE, se ha convertido en tierra de nadie, donde el destino de los niños es lo que menos les interesa, mientras se pueda gastar presupuesto estatal y utilizar en beneficio personal, en detrimento de quienes se debe cuidar.

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Por Fabio Fuentes

En julio de 2019, la Comisión de Derechos Humanos del estado de Yucatán (CODHEY) visitó las instalaciones del Centro de Atención Integral al Menor en Desamparo (CAIMEDE) que en ese entonces era dirigido por Adriana Delgadillo Fuentes.
Ante la presencia de los visitadores de la Comisión nada parecía estar fuera de sitio. El oficio fue turnado por el Consejo Consultivo de la CODHEY para supervisar el estado que guardaban los menores son rescatados de ambientes de violencia intrafamiliar.
Caras sonrientes, empleados silenciosos así como niños aparentemente bien cuidados –y comportados- enmarcaron la supervisión de 140 menores internos en espera de rehabilitación y de ser el caso, entregados en adopción bajo los procedimientos legales.

CAIMEDE, basura debajo del tapete
Muy lejos de rehabilitar, proteger y preparar a los menores para la vida adulta funcional, se opera con maltratos e impunidad

Delagadillo Fuentes se desvivió por demostrar al Visitador General, Francisco Mendoza Aguilar, a la Visitadora de Asuntos de la Mujer y Grupos Vulnerables, Ileana Braga Lope y otros funcionario de la Comisión que las niñas y niños vivían con cuidados dedicados.Lo que se pretendía era esconder debajo del tapete una realidad distinta, que surgió meses después en las salas de jucios orales del Poder Judicial del estado luego de que tres empleados fueran acusados de varios delitos, entre otros narcotráfico, maltrato y violación.

SIMULACIÓN DOLOSA

Así de un golpe y ante una sala de magistrados, fue derrumbado como castillo de naipes la realidad maquillada que Delgadillo Fuentes mostró a la CODHEY apenas unas semanas antes que detonara el escándalo en tribunales.
En las observaciones que se le realizaron al centro sobrevinieron mejoras a las instalaciones y reordenamiento. Pero lo que quedó enmarcado con letras de oro fueron las palabras de la ex directora: “Cero tolerancia al maltrato físico, psicológico o cualquier tipo de abuso hacia las niños y los niños”.
Presumieron la instalación de más de 100 cámaras de vigilancia, y a pesar de ello no hay grabaciones que revelen el verdadero rostro del CAIMEDE: violencia, sometimiento, contacto sexual, baños de excrementos, golpes y abuso de fármacos.
Dormitorios enrejados, golpes, forecejeos, llaves de sometimiento, tocamientos sexuales y trifulcas salieron a relucir durante más de un mes de juicio entre personal del Centro.
A partir del citado juicio, Adriana Delgadillo Fuentes fue removida de su puesto al frente del CAIMEDE, pero no para ser cesada por su actuación como directora, sino para resguardarla en otra área de la administración, sin que se conozca algún procedimiento administrativo en su contra.

DENUNCIAS PENALES

El 15 de marzo de 2019, Yuliana “N”, Robert “N” y José “N” fueron despedidos por quejarse de sus extenuantes jornadas laborales de hasta 12 horas, sin remuneración por el tiempo extra.
Ya fuera de su centro de trabajo, los despedidos ponderaron la posibilidad de demandar a la ex directora por lo que consideraron abusos laborales y una serie de irregularidades en la operación del Centro.
Sin embargo, ese mismo día por la tarde, recibieron una llamada telefónica de parte de la dirección del CAIMEDE para que regresaran a negociar sus condiciones de “renuncia” –en realidad los habían despedido-.
Tras dudar, finalmente accedieron a presentarse confiados de que se trataría de una negociación de finiquito, a cambio de su silencio. Pero nada de eso ocurrió, en cuanto ingresaron a las instalaciones fueron sometidos por un grupo de policías que alegaban haber hallado marihuana en susbolsillos.
Los ahora detenidos estaban en el primer episodio de lo que se convertiría en una larga batalla judicial ya que al ser llevados a la fiscalía se enteraron de que también habían sido señalados por tres menores de haberlos violado.
Las inculpaciones fueron sustentadas en la declaración de una compañera de trabajo quien afirmó verlos golpear a menores, así como de tres niños que ante la representación social dijeron haber recibido maltrato de los acusados y cópula.
Por los cargos de posesión de drogas los inculpados resultaron absueltos en noviembre pasado, porque los uniformados afirmaron que la captura fue hecha en un parque frente al CAIMEDE.
Tal afirmación cayó por falsedad declaratoria de los policías. La defensa de los acusados comprobó que fueron aprehendidos dentro de las instalaciones, es decir, los estaban esperando para fincarles un cargo en tanto era armada la otra acusación.
Los uniformados terminaron por contradecirse y el impartidor de justicia desestimó los cargos.

CAIMEDE, basura debajo del tapete
Un menor internado en el CAIMEDE muestra huellas de maltrato físico (Archivo).

IMPUNIDAD Y ABUSOS INTERMINABLES

Por el proceso de abuso sexual y maltrato se dio un amargo recorrido en el Tribunal Primero de Enjuiciamiento del Poder Judicial del Estado, donde tres jueces escucharon durante semanas las declaraciones del trío señalado, testigos y la ahora ex directora Adela Delgadillo Fuentes.
Entre los testimonios del juicio –conocidos por este medio- destaca que en el CAIMEDE hay sometimiento de fuerza contra los menores que proceden de ambientes de violencia en casa.
En sus exposiciones, Yuliana, Robert y José aceptaron que ocasionalmente aplicaban disciplina agresiva a los niños en rebeldía “pero por orden de los psicólogos”.
En el desahogo describieron a menores procedentes de ambientes agresivos, por lo cual comunmente entran en crisis que han derivado en trifulcas colectivas con golpes, lanzamiento de excrementos, escupitajos y otro tipo de ataques.
Los señalados indicaron que la mayor de las veces actuaron por órdenes directas de los “papis” y “mamis” psicólogos del lugar –así se le llama a todo el personal adulto responsable de la estancia de los menores- .

CAIMEDE, basura debajo del tapete
Comunmente entran en crisis que han derivado en trifulcas colectivas con golpes, lanzamiento de excrementos, escupitajos y otro tipo de ataques.

En las reconstrucciones de hechos florecieron dormitorios enrejados, niños con severos problemas de actiud por los traumas del ambiente de agresión del que fueron “rescatados”, pero en el CAIMEDE están lejos de una casa hogar o refugio. Se les trata como menores de correccional bajo un ambiente carcelario.
Al comparecer en el tribunal, Adela Delgadillo, aceptó a pregunta de la defensa que en su oportunidad ella también llegó a “contener” a algún menor en descontrol.

ACCESO LIBRE

Destaca el hecho que el esposo de Delgadillo fue mencionado en los testimonios quien sin ser integrante del CAIMEDE hacía visitas frecuentes de libre acceso a todas las áreas del Centro sin justificar su presencia, pero en contacto con el personal de resguardo y los menores, al punto de ser también sobrenombrado “papi” por los infantes.
El resto de los testimonios coinciden en que habitan menores enfermos con profundos daños emocionales y llegan a lanzar baños de orina a los custodios, lo cual provoca que se les someta mediante llaves de fuerza bruta.
Durante el juicio, fue señalado que las 12 horas de jornada laboral de algunos trabajadores suplentes provocaban mayor estrés y furia de los cuidadores hacia los niños.

En las declaraciones para establecer el delito de abuso sexual contra menores, resultó que las víctimas no sostuvieron sus dichos –previamente vertidos en la Fiscalía- ni mencionaron la violación. Tampoco reconocieron a los inculpados como sus agresores.
Así mismo, la testigo utilizada por la Fiscalía para fundamentar el caso, tampoco pudo sostener su versión previa y únicamente dijo que sabía de algunas situaciones de acoso sexual en el Centro.
Por su parte, Delgadillo mencionó ante jueces que ocasionalmente los niños internados “hacen juegos sexuales”. Sin embargo, la defensa constató testimonios de psicólogos ya apartados de esa institución, en los que denuncian abusos y violencia al interior.
La historia concluye en esta etapa con la absolución de los tres acusados del delito de violación pero Yuliana y Robert, en libertad con restricciones, recibirán sentencia condenatoria por violencia familiar equiparada.

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